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Técnico·6 min lectura·septiembre de 2026

Secadora a gas o eléctrica: cuál va con tu instalación

Las formas de calentar una secadora industrial y qué implica cada una en instalación, consumo y velocidad. Más la cuenta simple para decidir cuando tu edificio tiene las dos opciones disponibles.

Por Bruno Rovea·VP de Oñate

Dos secadoras industriales Oñate T30 idénticas lado a lado: la de la izquierda alimentada por un caño de gas amarillo que baja del techo, la de la derecha por una bandeja portacables galvanizada y un tablero eléctrico de pared

Las tres formas de calentar una secadora industrial

Toda secadora industrial hace lo mismo: mueve aire caliente a través de un tambor giratorio para quitarle el agua a la ropa. Lo que cambia de un modelo a otro es de dónde sale ese calor, y hay tres caminos posibles: gas, electricidad o vapor.

No es un detalle menor ni algo que se resuelva después. La fuente de calor define qué instalación vas a necesitar, cuánto te va a costar cada ciclo y qué obra hay que hacer antes de que la máquina entre por la puerta. Cambiarla más adelante implica intervenir el equipo y la sala entera.

En Argentina, la mayoría de las consultas se resuelven entre las dos primeras. Por eso este artículo se concentra en gas versus eléctrica, y deja el vapor para el final — no porque sea peor, sino porque responde a una situación mucho más específica que vamos a ver al cierre.

La pregunta que define casi todo: qué tiene tu edificio

Conviene sacarse de encima una idea instalada: no existe una opción ganadora en abstracto. La pregunta útil no es cuál es mejor, sino cuál va con la instalación que ya tenés.

En la práctica, la mayoría de los proyectos se define sola. Si el edificio tiene gas natural de red con capacidad disponible, la secadora industrial a gas es el camino natural. Si no hay red de gas, la secadora industrial eléctrica entra sin discusión.

El caso interesante es el del que tiene las dos posibilidades sobre la mesa. Para ese hay dos cuentas concretas, más abajo.

Antes de elegir la fuente de calor conviene tener resuelto el tamaño. Cuántos kg por ciclo necesitás es una cuenta aparte, que depende del volumen diario de ropa no planchable y de las horas que opera tu lavandería. Lo desarrollamos paso a paso en nuestra guía para dimensionar una lavandería industrial.

Gas: qué ganás y qué te exige

Donde hay gas natural de red, el secarropas industrial a gas suele ser la opción más económica de operar. La diferencia no es marginal: por cada litro de agua que hay que evaporar de la ropa, el gas entrega ese calor a una fracción del costo en la mayor parte del país.

Hay además dos ventajas que se ven menos y pesan bastante.

La primera es la velocidad. Un quemador alcanza la temperatura de trabajo más rápido y sostiene mejor el aporte de calor con el tambor cargado. En máquinas de 15 a 48 kg eso se traduce en ciclos hasta un 20% más cortos que su equivalente eléctrica — una diferencia que en una lavandería que encadena tandas todo el día se acumula en turnos.

La segunda es que la versión a gas prácticamente no consume electricidad: solo la que necesitan el motor del tambor, el ventilador y el tablero de control. Volvemos sobre esto en un minuto porque es, de lejos, el factor más subestimado de toda la decisión.

A cambio, el gas te pide una instalación más formal: conexión habilitada y dimensionada para el consumo del equipo, trabajo de gasista matriculado, y un sistema de extracción de aire correctamente calculado. Los consumos de cada modelo figuran en la ficha técnica de nuestras secadoras industriales rotativas, y son el dato con el que el instalador dimensiona la cañería.

Eléctrica: cuándo es la opción correcta

La secadora de ropa industrial eléctrica resuelve situaciones donde el gas directamente no es una alternativa, y lo hace con una simplicidad que el gas no puede ofrecer.

El caso más claro es el de las localidades sin red de gas natural, muchas más de las que uno supone fuera de los grandes centros urbanos. Ahí la comparación ni se plantea: el gas envasado cambia por completo la ecuación logística y de costos.

Pero también hay razones positivas para elegirla teniendo gas disponible. No requiere habilitación ni gasista matriculado, lo que acorta plazos. No hay combustión dentro del equipo, lo que reduce el mantenimiento asociado al quemador. Y en edificios donde llevar una cañería hasta la sala de lavandería sería una obra importante, la eléctrica evita ese trabajo por completo.

Su exigencia real está en otro lado, y conviene conocerla desde el principio: la potencia eléctrica instalada. Calentar aire con resistencias consume mucha más electricidad que hacerlo con un quemador, y eso se traduce en un servicio trifásico considerablemente mayor. No es un impedimento — es simplemente el número que hay que verificar con el electricista antes de comprar.

Si tenés las dos disponibles: las dos cuentas que lo definen

Acá está el caso que realmente cuesta resolver. Tu edificio tiene gas y tiene trifásica. ¿Cuál conviene?

Cuenta 1 — El costo de operar

En vez de dar precios que quedan viejos en meses, va la relación estructural, que no se vence:

El gas conviene mientras 1 m³ de gas natural te cueste menos que 8 o 9 kWh de electricidad. Si tu tarifa de gas por m³ es más barata que ocho o nueve veces tu tarifa eléctrica por kWh, el gas gana en costo operativo. Si es más cara, gana la eléctrica.

La relación se mantiene bastante pareja en todo el rango de 15 a 48 kg, así que sirve igual para una máquina chica que para una grande. Agarrá tus dos últimas facturas y hacé la cuenta con tus números reales: es la única forma de que la respuesta valga para tu caso.

Cuenta 2 — El costo de instalar (el que casi nadie mira)

Esta es la que sorprende. La versión eléctrica necesita un servicio eléctrico muchísimo mayor que su equivalente a gas: las resistencias hacen todo el trabajo térmico que en la otra hace el quemador.

CapacidadVersión a gasVersión eléctrica
15 kg~1 A~28 A
28 kg~2 A~47 A
48 kg~3 A~85 A

Valores orientativos sobre línea trifásica de 380 V, típicos de secadoras industriales de esta escala.

La diferencia es de 25 a 30 veces. Si el tablero de tu edificio no tiene ese margen libre, ampliarlo puede ser un costo a considerar de antemano.

Por eso, antes de definir, pedile al electricista que te confirme cuánta potencia libre tiene el tablero. Ese número resuelve la discusión más rápido que cualquier comparación de tarifas.

¿No estás seguro de qué admite tu instalación? Es la consulta que más recibimos, y la respondemos sin cargo. Contanos qué tenés disponible en el edificio y qué volumen procesás, y te decimos qué versión conviene y qué necesitás preparar antes de la entrega. Escribinos por WhatsApp o mirá nuestro servicio de asesoramiento técnico.

Y el vapor: cuándo tiene sentido

La tercera opción no compite con las otras dos: juega en otra cancha. Una secadora industrial a vapor no genera su propio calor, lo toma de una caldera que ya existe en el edificio. Por eso solo tiene sentido donde esa caldera ya está instalada y dimensionada con margen para este uso — típicamente hoteles grandes, hospitales y plantas industriales que ya usan vapor para otros procesos.

Cuando ese es el caso, es una opción excelente: calor muy estable, sin combustión en el equipo y con un consumo eléctrico tan bajo como el de la versión a gas. En máquinas de 15 a 48 kg el consumo de vapor va del orden de 50 a 120 kg/h con presiones de trabajo de entre 6 y 9 bar. Si no tenés caldera, instalar una solo para secar no se justifica: ahí la conversación vuelve a ser gas contra eléctrica.

En resumen

Si tu edificio tiene gas de red, el gas suele ser el camino. Si no lo tiene, o si la trifásica te sobra y la obra de gas es compleja, la eléctrica es una opción sólida y no un premio consuelo. Si ya tenés caldera andando, mirá el vapor. Y si tenés las dos primeras, dejá que decidan las dos cuentas: tus tarifas y la potencia libre de tu tablero.

Las capacidades, medidas y consumos de cada modelo están en la ficha técnica de nuestra línea de secadoras industriales. Y si todavía no definiste el tamaño, empezá por la guía de dimensionamiento — la fuente de calor se elige después de saber cuántos kg necesitás.

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